Todos recordamos el verano de 2010, donde tuvo que aparecer el Ministro de Fomento, José Blanco (de aquí en adelante, El Mentiroso) para dar estabilidad al pacto de gobierno PRC-PSOE por la crisis del AVE.
Esta crisis comenzó con unas declaraciones del mentiroso, en las que afirmaba que no se podrían hacer los dos trenes de alta velocidad prometidos (el del cantábrico y el de la meseta) y que Cantabria debía elegir uno, siendo más lógico el que conectara la capital cántabra con Bilbao, ya que desmaquillando las declaraciones, era mucho más barato, y su ejecutivo no iba a gastarse todo lo que vale el tren de alta velocidad por Reinosa en una región tan pequeña “que apenas llega a medio millón de habitantes”. Y con estas mismas palabras defendió su teoría ante el Congreso de los Diputados ante la solicitud de comparecencia exigida por el Partido Popular.
Miguel Ángel Revilla, el entonces presidente de la Comunidad de Cantabria, comenzó una mini revolución en Monzón de Campos, para reivindicar el derecho de los cántabros a disfrutar de la alta velocidad, ya que sino se licitaban las obras, rompería el pacto de gobierno. Entonces fue cuando el presidente José Luís encomendó en su visita a Santander al mentiroso para firmar un acuerdo “que mostraba el compromiso del Gobierno de España y del ejecutivo con Cantabria y con la alta velocidad en la comunidad” estableciendo unos plazos, comenzando la licitación en Marzo de 2011 de las obras entre Palencia y Reinosa. Además ese papelucho, recogía para finales de 2015 o principios del 2016 la llegada del AVE a Santander, cosa que se matizó, ya que el lugar era Cantabria y no Santander (debe ser que al no tener los estudios acabados el mentiroso no sabe que hace, no poco, Cantabria es una autonomía, con ese nombre, y no la Provincia de Santander unida a Castilla La Vieja.
Quizás radique en la autonomía el que Cantabria esté por tradición, aislada de cualquier tipo de inversión, ya que si Cantabria hubiera seguido formando parte de Castilla, otro gallo cantaría.
La cuestión es que el Colegio de ingenieros de Caminos de Cantabria dijo que era materialmente imposible una AVE por la meseta en esas fechas, sobre todo cuando las comunidades limítrofes llevan muchos años de inversiones y las fechas de finalización también eran 2016. Pero a esto ni caso, demagogia pepera.
Llega Marzo de 2011, y nada de nada. Hacia Abril el gobierno de España publica en el diario de la Unión Europea (similar al BOE en España) que el gobierno tiene intenciones de en cuanto pueda, realizar las obras de la A-8 en Cantabria y las obras del AVE a Cantabria. El tema de la A-8, otro tema, que se paraliza para licitarlo de forma que el capital de inversión sea público-privado, y ahora se nos informa de que se volverá a licitar de forma que se reanuden, cuando se reanuden, de igual forma que al principio. Es decir, mentiras y tiempo perdido.
Retomando el tren, en verano dos consejeros del nuevo Gobierno de Cantabria solicitaron y acudieron a Madrid a una reunión con Fomento para ver qué pasaba con la A-8 y el AVE. Las conclusiones de los consejeros fueron que la autovía, tardará, y el tren, ni se le ve ni se le espera. Por su parte, Fomento dijo que la A-8 en breve se retomarían las obras, y en cuanto al AVE, en breve también empezaría a moverse toda la maquinara burocrática, que el compromiso es total con Cantabria y la alta velocidad.
Ahora, a 19 de Octubre de 2011, Fomento presenta a la Comisión Europea, el proyecto (ya aprobado) de transportes de aquí a un futuro de redes de transporte, entre ellas carreteras, puertos y líneas de tren de pasajeros y de mercancías.
Aquí viene el asunto, Cantabria, Extremadura y Aragón, quedan más que olvidadas en el proyecto.
En cuanto a Cantabria, todos los privilegios son para el puerto de Bilbao (conexión Europa, Meseta y Sur y Mediterráneo). Además de que San Sebastián, Vitoria, Bilbao, Burgos y Palencia, otras ciudades, todas las del norte menos las cántabras, tendrán paso de alta velocidad para viajeros y mercancías, sean Oviedo, Gijón, Avilés, Ferrol, Santiago y demás.
La cuestión es, sin contar la ruina que supondrá para Cantabria a modo empresarial, que contaremos con un puerto muerto y una gran ausencia de industrias, que por qué, yo, pagando los mismos impuestos que un madrileño, un vasco… no puedo disfrutar de la alta velocidad para moverme en tren.
Sólo espero que todos los responsables que han permitido esto, tengan su merecido, y gane las elecciones generales el Partido Popular, que en su día ya prometió conectar por alta velocidad TODAS las capitales de provincia españolas, y mofique el proyecto en el que invertirá de manera multimillonaria, la Unión Europea.
Recordar que desde mi punto de vista, se debe modificar sustancialmente el trazado por la meseta, para que el coste sea mucho menor, pero siempre cotando con la ejecución de las obras, que estarán más que bien invertidas, pues de todos los trenes de media y larga distancia que parten desde el norte de España, son los que parten desde Santander los que más viajeros transportan, saliendo más rentable que desde cualquier ciudad norteña, a pesar de seguir con la línea inaugurada por la reina Isabel II en el Siglo XIX, que día sí y día también se estropea.
M.Faisán